¿La rueda de prensa ha muerto… o la hemos vaciado de sentido?

“El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que esta ha tenido lugar”. Con esta frase, el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw advertía sobre un riesgo muy presente en la actualidad: pensar que por el simple hecho de emitir un mensaje ya hemos comunicado con eficacia. Pero comunicar no es solo hablar o transmitir información; es lograr que el otro comprenda, se involucre y, en el mejor de los casos, responda.

En el ámbito institucional y corporativo, uno de los formatos que mejor encarnaba ese espíritu de diálogo y transparencia era, y en algunos casos aún es, la rueda de prensa. Un espacio en el que los portavoces ofrecían información directamente a los medios, con la posibilidad de ser cuestionados y contrastados. Sin embargo, este formato parece estar en declive, y no tanto por una obsolescencia técnica, sino por una progresiva pérdida de sentido.

El término rueda de prensa proviene del latín rota, que entre sus acepciones incluye “círculo o reunión de personas”, unido al concepto de prensa, es decir, el conjunto de periodistas o medios informativos. Su origen se remonta a 1913, cuando el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, organizó un encuentro informal con reporteros. Entre 1913 y 1916 celebró 57, pero incluso entonces, según algunos autores, adoptó una política de comunicar lo mínimo indispensable en estos encuentros. Un enfoque que, lamentablemente, parece haber ganado terreno en los últimos años.

Durante décadas, la rueda de prensa ha sido una herramienta fundamental de la comunicación institucional y corporativa. Un espacio en directo, con posibilidad de preguntas, donde marcas, organizaciones y figuras públicas compartían información clave. Este instrumento comunicativo representaba una apuesta por la transparencia y simbolizaba una relación de respeto por el periodismo.

Sin embargo, hoy muchas de estas convocatorias han perdido ese propósito. Se celebran por cumplir, se convierten en puestas en escena vacías y, en numerosas ocasiones, se impide a los periodistas realizar preguntas, reduciéndolas a la simple lectura de un comunicado. Esto no solo desnaturaliza su sentido, sino que erosiona el valor de la comunicación pública.

Parte del problema puede estar en una confusión terminológica. No es lo mismo una rueda de prensa que una conferencia de prensa porque, aunque parezcan sinónimos, hay una diferencia fundamental. La rueda de prensa incluye un turno de preguntas y respuestas, lo que le confiere un carácter de diálogo; mientras que la conferencia de prensa, en cambio, es un formato unidireccional. La clave diferencial está precisamente aquí, en que la rueda de prensa contempla un coloquio, que hoy en día se ha convertido en una rara avis.

El declive del formato tradicional

Esta pérdida de peso de las ruedas de prensa se puede explicar por múltiples factores:

  • Búsqueda de exclusividad. Las redacciones priorizan contenidos propios y diferenciales y en una rueda de prensa todos los medios reciben la misma información, lo que reduce su atractivo. Las entrevistas personalizadas, en cambio, permiten enfoques únicos.
  • Saturación informativa. En plena era de la infoxicación, los periodistas reciben decenas de convocatorias diarias y deben filtrar con rigurosidad a cuáles asistir.
  • Escasez de recursos. A la anterior se suma la reducción de personal en medios, que deja menos tiempo para acudir a actos presenciales, lo que incrementa la presión.
  • Canales directos. Las marcas ahora pueden comunicar por sí mismas, a través de redes sociales, newsletters o blogs, sin necesidad de intermediarios.
  • Falta de contenido relevante. Muchas ruedas de prensa no comunican noticias valiosas, lo que conduce a un desgaste del formato y sugiere una falta de estrategia de comunicación efectiva.

El sinsentido de las ruedas de prensa sin preguntas

La tendencia más preocupante son las ruedas de prensa sin preguntas, retransmitidas en pantalla o con intervenciones muy limitadas. Esta práctica, habitual principalmente en el entorno político, desactiva completamente el valor informativo del formato. Una rueda de prensa sin posibilidad de preguntar o repreguntar no es otra cosa que un monólogo. Organizaciones como la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) o la FAPE ya han alzado la voz ante esta deriva. Su campaña “Sin preguntas no hay cobertura” insta a los medios a informar al público cuando se veta la posibilidad de preguntar. Porque negar las preguntas es empobrecer el debate, debilitar la confianza y menoscabar el rol del periodismo en democracia.

El deber de comunicar de forma responsable

La gran pregunta es, por tanto, si quienes convocan la rueda están dispuestos a comunicar con responsabilidad. El público exige transparencia, autenticidad y voluntad de diálogo. Por ello, antes de convocar una rueda de prensa, las organizaciones deberían plantearse:

  • ¿Estamos aportando información realmente relevante?
  • ¿Estamos preparados para responder preguntas con claridad?
  • ¿Estamos respetando el tiempo y el trabajo de los periodistas?

Si la respuesta es “no”, probablemente haya otros formatos más eficaces y honestos como puede ser un comunicado bien estructurado, un vídeo explicativo, o la gestión de entrevistas individuales…Cualquier opción es válida si evita dañar la credibilidad de un formato que, bien utilizado, sigue siendo poderoso. Y, por ende, la credibilidad de la empresa o institución convocante.

Redefinición de las ruedas de prensa

Lejos de estar obsoleta, la rueda de prensa se encuentra en un momento de transformación, pero, para recuperar su sentido y utilidad, necesita adaptarse a los nuevos tiempos. Partiendo de que no todos los temas ameritan celebrar una rueda de prensa y se debe reservar este formato para cuando realmente haya información de interés público; un punto clave está en la hibridación del formato, es decir, la combinación de la asistencia presencial con la participación vía streaming, que amplía el alcance y facilita el acceso a periodistas con limitaciones de tiempo o desplazamiento.

Además, la rueda de prensa debe apostar por formatos más dinámicos y con menos formalismos, en los que la conversación y la agilidad sean los protagonistas para contribuir a recuperar el interés y la conexión con los medios.

Quizás de esta forma, la rueda de prensa pueda volver a ser lo que siempre debió ser: un espacio útil, honesto y abierto al diálogo. Si solo buscamos cumplir o controlar el mensaje sin aceptar preguntas, debemos tener claro que no estamos comunicando. La confianza, el activo más valioso de cualquier marca o institución, no se construye con soliloquios.

Sara Jusuy Rodríguez

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