Strategy and narrative

Communication should drive and exemplify the company's sustainability with clear, effective and ethical messages, transparency and accountability.

Expresión contrastada en la misma imagen
Posicionarse o no: la pregunta que toda marca debe hacerse

Construir una marca no es un proceso fácil. Y menos posicionarla con coherencia. Nos pasamos años construyendo una identidad coherente, visualmente impoluta, creando campañas efectivas… Lo tenemos todo en su sitio. Hasta que estalla un tema que divide a la sociedad y nuestra audiencia espera una respuesta. ¿Qué hacemos? ¿Hablamos? ¿Callamos? ¿Damos nuestra opinión? ¿No?

Según un estudio reciente de Lightspeed, uno de cada tres consumidores de la Generación Z ha evitado públicamente apoyar ciertas marcas por miedo a ser juzgado. Esta presión social está redefiniendo la relación entre las marcas y la audiencia: ya no se trata solo de vender, sino de representar valores con los que el consumidor se sienta identificado y le hagan orgulloso de contar al resto. El informe también señala que un 18% de los compradores ha elegido marcas por sus causas sociales o benéficas, otro 18% por su impacto medioambiental, y un 15% ha tenido en cuenta el posicionamiento político de quien lidera la empresa. Se confirma así la idea de que las generaciones más jóvenes (cada vez más sensibles a las cuestiones sociales y medioambientales) esperan que las marcas actúen y se pronuncien.

Con estos datos tangibles encima de la mesa podemos afirmar algo crítico: callar no sale gratis. Hablar, tampoco.

Quedarse en silencio puede costar (y mucho)

Cuando se acusa a una marca de “no posicionarse”, no se habla solo de no opinar, sino de no definirse. En otras palabras, no mojarse frente a temas sociales y no reaccionar ante acontecimientos que afectan su entorno no mostrando qué valores respalda.

A veces ese silencio puede interpretarse como prudencia, pero muchas otras como indiferencia o, incluso, cobardía.

Posicionarse también tiene sus riesgos

Ahora bien, el hecho de que callar pueda tener grandes consecuencias no significa que hablar y sumarse al activismo de marca garantice buenos resultados (ojalá). Posicionar una marca, sin estrategia ni coherencia, puede ser más perjudicial que el silencio.

El principal riesgo es la polarización. Tomar postura ante temas sensibles siempre va a generar reacciones encontradas, incomodidad por una parte del público y rechazo de alguna audiencia. Además, en sectores como la banca, la energía o la farmacia, el margen de error es el mínimo.

Otro riesgo muy importante es caer en el “postureo corporativo”. Es decir, acabar subiendo esas declaraciones que quedan muy bien en redes sociales para hacer marketing, pero sin acompañarlas de acciones reales. El público lo percibe como hipocresía.

Imaginemos, por ejemplo, una empresa que habla a favor de la igualdad de género, pero tiene una clara brecha salarial. O una compañía que publica mensajes a favor del medio ambiente, pero sigue siendo altamente contaminante. No suena bien, ¿verdad? Es contraproducente.

Tomar decisiones estratégicas

Ante esta complejidad, lo más sensato no es ni callar por inercia ni hablar por reflejo. Lo verdaderamente estratégico es decidir con criterio, evaluando si el tema encaja con los valores de la marca, si es relevante para nuestra audiencia y si se cuenta con legitimidad suficiente para aportar algo valioso.

También es clave considerar el contexto: no es lo mismo un debate global que una cuestión local que afecta directamente a nuestros clientes, empleados o entorno cercano.

Si no hay posibilidad de actuar con coherencia, es preferible no posicionarse. Toda decisión debe contemplar riesgos, beneficios y capacidad real de respuesta. Y si se elige comunicar, el mensaje debe ser honesto y sin ambigüedades. Posicionarse no es solo hablar, es asumir lo que se dice y hacer algo al respecto. Walk the talk, que dicen los anglosajones.

Casos reales: aciertos, errores y aprendizajes

La teoría siempre es muy fácil. Pero vamos a ver la práctica. No hay mejor forma de entender las consecuencias de posicionarse o callar que observando ejemplos concretos.

Un caso emblemático es el de Patagonia. La sostenibilidad no es solo un valor añadido para esta marca: es su ADN. Desde el uso de materiales reciclados hasta sus campañas de concienciación medioambiental, todo su modelo de negocio gira en torno al compromiso con el planeta. En 2022, su fundador dio un paso sin precedentes al transferir el 100% de las acciones de la empresa a una fundación con el objetivo de combatir la crisis climática. No fue solo un gesto simbólico: fue una decisión empresarial coherente con su narrativa, con un impacto global que superó cualquier campaña publicitaria.

Otro ejemplo interesante es el de Ben & Jerry’s, que ha construido su identidad sobre un posicionamiento social constante. La marca no solo vende helados: lleva años abanderando causas como la justicia racial, los derechos del colectivo LGTBIQ+ o la lucha contra el cambio climático. Esta postura coherente y sostenida en el tiempo ha reforzado su reputación como marca con propósito, aunque también le ha generado tensiones. En más de una ocasión ha enfrentado críticas, conflictos con su empresa matriz y reacciones políticas polarizadas. Sin embargo, su constancia ha sido clave para consolidar una voz creíble y reconocida.

El modelo de estrategia silenciosa que ha funcionado siempre es el de Apple. Históricamente, la compañía ha evitado posicionarse públicamente sobre temas políticos o sociales polarizantes, optando por centrar su narrativa en la innovación, la experiencia de usuario y valores como la creatividad, el diseño o la privacidad. Aunque en los últimos años ha adoptado posturas más visibles en temas como la diversidad o el medio ambiente, su comunicación siempre ha sido medida y controlada. Esta cautela le ha permitido mantener una comunidad leal y una reputación sólida sin exponerse al desgaste que pueden generar ciertos posicionamientos. En su caso, el silencio ha sido una decisión estratégica alineada con su identidad.

Por el contrario, Bud Light es un ejemplo reciente de cómo no posicionarse (o hacerlo a medias) puede tener consecuencias negativas. En 2023, la marca colaboró con una influencer trans en una acción puntual, lo que desató una ola de críticas y boicots por parte de sectores conservadores en EE. UU. En lugar de reafirmar su postura o explicarse con claridad, Bud Light optó por el silencio y una respuesta ambigua que no convenció a ninguna de las partes. El resultado fue una caída significativa en ventas y reputación, convirtiéndose en un caso de estudio sobre cómo la falta de claridad y convicción puede hacer más daño que el propio posicionamiento.

Voz (o silencio) con criterio: cómo tomar una buena decisión

Si algo nos queda claro es que hoy, posicionarse o guardar silencio ya no es una decisión neutra. Ambas opciones comunican y ambas tienen consecuencias. La teoría es clara: hay que ser coherentes. Pero en la práctica, decidir si entrar o no en una conversación pública requiere propósito, contexto y una buena dosis de honestidad.

Todo empieza con una revisión interna. ¿Quiénes somos? ¿Qué valores defendemos? ¿Qué hemos hecho que respalde lo que queremos decir? Sin coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, cualquier posicionamiento se vuelve frágil. Y, por el contrario, cuando hay base, credibilidad y compromiso, hablar tiene mucho más impacto.

También hay que mirar hacia fuera. ¿Qué espera nuestra audiencia? ¿Tiene sentido que hablemos de este tema o corremos el riesgo de forzar un mensaje que no nos corresponde? No todo requiere nuestra voz. Elegir con criterio cuándo intervenir (y cuándo no) también es parte de la estrategia. Lo importante no es estar en todas las batallas, sino saber en cuáles sí merece la pena luchar.

Y si se decide hablar, que sea con intención y acción. No basta con decir: hay que demostrar. Posicionarse conlleva riesgos, pero también oportunidades de conectar de verdad. Lo esencial es hacerlo con una voz propia, bien pensada, y, sobre todo, con criterio.

Joel Puig

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La narrativa empieza en casa: por qué los empleados ya no son solo público interno

En un entorno donde cada vez estamos más polarizados, sobreexpuestos a mensajes de click bait y a fake news, la confianza se gana con hechos, no con claims llamativos; las empresas deben empezar a ganarse esa confianza desde su interior.

Los empleados son protagonistas del relato corporativo: lo viven, lo interpretan y lo comunican a través de sus canales. Las marcas deben considerar a los empleados no solo como “público interno” si no como protagonistas y portadores de la narrativa corporativa. Cada opinión de LinkedIn, cada mensaje en una entrevista o cada tweet en X puede amplificar o desmontar el relato que una marca quiere transmitir al exterior.

Así, para construir una narrativa coherente y veraz, es necesario ligar el propósito de la marca con la experiencia de quienes la representan hacia afuera- portavoces de la empresa- y dentro-empleados.

Muchas empresas aún no están ahí y siguen creyendo que la narrativa es solo una herramienta de marketing externo. Sin embargo, las que empiezan a asumir que su relato se construye culturalmente, desde dentro hacia afuera, ven nuevas formas y oportunidades de posicionarse como empresas creíbles y legítimas.

El nuevo riesgo (y oportunidad) narrativo: la voz interna

Ya no vale con alinear sobre el papel el mensaje externo e interno: hay que hacerlos convivir de forma creíble. En un contexto de escepticismo, los empleados tienen hoy más credibilidad que los portavoces oficiales. Si el discurso corporativo es bonito, pero no coincide con la experiencia diaria, se rompe la confianza. Y eso, más que un problema de comunicación es un síntoma de desconexión interna.

Hay tres razones por las que los directivos deben tomarse en serio lo que piensan sus empleados: Porque son los primeros en vivir (o no) el relato; porque tienen sus propios canales de comunicación y porque solo llega el relato emocional y este pasa por las personas.

¿Qué necesitan las organizaciones para construir una narrativa real desde dentro?

  • Escucha activa: integrar a los empleados en la construcción narrativa, no solo informarles del resultado; hay que generar entornos donde se comprendan y asuman los valores y el sentido de lo que se comunica. Suele integrarse al COMEX, pero rara vez el resto de empleados participan.
  • Ejemplo y coherencia: que quienes lideran encarnen el relato con hechos.
  • Confianza para amplificar: cuando las personas se sienten parte, comunican de forma espontánea, no forzada.
  • Saber /enseñar a comunicar: saber comunicar internamente con claridad, relevancia y tonos adecuados la narrativa corporativa y formar a los empleados para que sean capaces de transmitirla, con especial foco en habilidades blandas, es decir, aquellas cuyo desarrollo ayuda a establecer relaciones exitosas y a la resolución de problemas y a comunicar con asertividad y con emoción.

Algunas empresas que lo hacen bien

  • Salesforce: destaca por una cultura de comunicación interna activa, con empleados que comparten contenidos y valores de forma natural en sus redes.
  • Heineken: lanzó una campaña de employer branding cocreada con sus propios equipos, tras procesos de participación y escucha.
  • Spotify: su transparencia en cultura y condiciones laborales (con iniciativas como “Work From Anywhere”) ha convertido a sus empleados en embajadores espontáneos del relato.

Pero cuando la narrativa interna se convierte en crisis…

En los últimos años, una gran empresa estadounidense de comercio electrónico ha enfrentado una crisis de reputación que nació dentro de casa. Testimonios de empleados sobre condiciones laborales tensas, dinámicas de control excesivo o desconexión entre lo que se promete externamente y lo que se vive internamente han sido difundidos en redes sociales, foros profesionales y medios.

El relato corporativo de eficiencia, innovación o compromiso queda debilitado porque las narrativas internas suelen ser más creíbles que los mensajes corporativos.  El resultado ha sido presión pública, respuestas reactivas y una reputación deteriorada.

La narrativa más potente es la que los empleados quieren contar

Por eso, las empresas ya no controlan al 100% su relato…pero pueden hacerlo real desde dentro. Cuando los equipos entienden y comparten el sentido del proyecto, la narrativa se vuelve más sólida, creíble y sostenible. Esto no ocurre solo: requiere tiempo, implicación y voluntad de conectar los mensajes con la cultura de la organización.

Es importante acompañar a las organizaciones que quieren fortalecer su narrativa y demostrarles que la comunicación interna ya no es solo una herramienta operativa: es una palanca clave de reputación y narrativa responsable.  

Una narrativa que no se cree, no se sostiene. Y una cultura que no se alinea, termina contando otra historia.

Lourdes Bertrán

Dove
La narrativa como herramienta estratégica: cuando contar bien marca la diferencia

Vivimos en una época en la que las marcas ya no compiten solo por atención, sino por sentido. En este contexto, la narrativa corporativa se ha convertido en algo más que una herramienta creativa: es un activo estratégico que permite a las organizaciones construir una identidad de marca sólida, conectar con sus públicos y tomar decisiones coherentes con su propósito.

Ya no basta con tener un buen producto o servicio; hay que saber contar quién eres, por qué existes y qué papel juegas en la vida de las personas. Una narrativa bien definida no solo comunica, sino que guía. Marca el rumbo, alinea a los equipos y da coherencia a cada punto de contacto con el cliente, desde una campaña publicitaria hasta un tuit. Todo para que el relato no sea solo bonito, sino útil.

Sin narrativa estratégica, el posicionamiento se diluye

Muchas marcas se lanzan a comunicar sin haber definido una narrativa clara y coherente. Esto puede derivar en mensajes dispersos, campañas inconsistentes o incluso contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace. Una estrategia de comunicación basada en un relato sólido ayuda a evitar este ruido y construye una base estructurada para que cada mensaje refuerce el posicionamiento de marca.

Un ejemplo claro es Dove, que lleva años desarrollando un relato en torno a la belleza real y la autoestima femenina. Desde su emblemática campaña Real Beauty  hasta proyectos como Reverse Selfie, la marca ha sido coherente en su discurso, reforzando su identidad y generando una fuerte conexión emocional con su público.

Dove

Narrativa sin acción: el riesgo del greenwashing y el storywashing

Tan peligroso como no tener relato es construir uno que no se sostiene con acciones reales. En los últimos años, muchas marcas han sido criticadas por comunicar mensajes de sostenibilidad, inclusión o compromiso social que no se corresponden con su modelo de negocio o sus prácticas internas. Es lo que se conoce como greenwashing —cuando se exagera o manipula el compromiso ambiental— o storywashing, cuando el relato se utiliza como una fachada sin un cambio estructural detrás.

Un ejemplo es el de una conocida marca de ropa que lanzó una colección promocionada como una opción más sostenible, destacando el uso de materiales reciclados y orgánicos para la creación de sus prendas. Sin embargo, esta iniciativa fue criticada por presuntas prácticas de greenwashing, ya que se cuestionó la precisión de la información proporcionada sobre el impacto ambiental de las prendas y se señaló que esta línea representaba solo una mínima parte de su producción total. El contraste entre la narrativa de sostenibilidad de la colección y el impacto global de su modelo de negocio de moda rápida generó dudas sobre la autenticidad de su compromiso

Este tipo de disonancias entre lo que se comunica y lo que se hace termina por debilitar la narrativa y erosionar la confianza del consumidor. En un entorno cada vez más transparente, la coherencia entre mensaje y acción es una exigencia ineludible.

Cuando la narrativa impulsa decisiones estratégicas

En el extremo opuesto, hay marcas que no solo comunican un relato claro, sino que lo convierten en una guía para su estrategia empresarial. El mejor ejemplo es Patagonia, cuyo propósito —»Estamos en el negocio para salvar nuestro planeta»— no es un eslogan, sino un principio operativo. Su narrativa impulsa decisiones tan potentes como transferir la propiedad de la empresa a un fideicomiso ambiental.

Activismo. Patagonia

También destaca el caso de Nike, que ha hecho de su narrativa una herramienta de liderazgo cultural. Su campaña con Colin Kaepernick“Believe in something, even if it means sacrificing everything”— fue más que publicidad: fue una declaración de principios en un contexto social polarizado en Estados Unidos. Este posicionamiento arriesgado fortaleció su vínculo con audiencias jóvenes y socialmente comprometidas, consolidando su reputación de marca con propósito.

Cómo construir una narrativa de marca auténtica y duradera

Una narrativa estratégica no nace de una frase ingeniosa ni de un vídeo viral. Se construye desde dentro, con reflexión, escucha activa y conexión con el propósito real de la empresa. Para que funcione, debe:

  • Integrarse en la cultura corporativa: no debe limitarse al marketing, sino inspirar producto, liderazgo y experiencia de cliente.
  • Ser auténtica y creíble: basada en hechos, decisiones y comportamientos reales.
  • Evolucionar con el contexto: una buena narrativa es flexible y capaz de adaptarse sin perder su esencia.
  • Activarse en todos los canales: desde campañas publicitarias hasta atención al cliente y comunicación interna.

Las marcas que entienden el valor estratégico de su narrativa no solo comunican mejor. Toman mejores decisiones, generan más engagement y construyen relaciones sólidas con sus audiencias. Porque cuando el relato está bien construido, deja de ser un adorno para convertirse en una ventaja competitiva real y sostenible.

Ana Pérez Gómez

Blog Quum - Estrategia
Reputation and sustainability: communicating to make sense of the situation

Today's businesses operate in an environment where sustainability is no longer an option, but a requirement. But adopting sustainable practices is not enough: they must be made visible. Corporate reputation is increasingly linked to the public perception of an organisation's environmental and social responsibility. This is why the balance between action and communication is key. It is about transforming efforts into narrative, connecting with audiences and consolidating a coherent and reliable brand image.

Action without communication: the risk of invisibility

Companies that implement sustainability strategies and plans without communicating their achievements run the risk of going unnoticed. Today's consumers, investors and other stakeholders are looking for brands that are aligned with their values, so not making efforts in environmental, social and governance aspects visible means missing an opportunity for differentiation and reputational strengthening. Failing to make visible efforts in environmental, social and governance issues means missing an opportunity for differentiation and reputational strengthening.

An example of this is companies that have reduced their carbon footprint or improved their labour practices, but have not communicated their progress in these areas. Without a clear narrative and concrete data to back up their actions, companies' commitment remains in the shadows. Moreover, silence can also be interpreted as a lack of transparency or, worse, a lack of real commitment.

Communication without action: the danger of greenwashing

On the other hand, communicating without a solid foundation of real action can be a double-edged sword. Greenwashing is a phenomenon that occurs when companies exaggerate or misrepresent their sustainable credentials. Far from building reputation, this practice often leads to a crisis of confidence and damage to corporate image.

Consumers and other stakeholders are increasingly critical and demanding. Transparency of information is essential. Companies communicating their commitment to sustainability must back it up with tangible evidence and measurable results, and it is essential to avoid grandiloquent or unrealistic messages that generate scepticism in the audience. Communication should be clear, direct and, above all, truthful.

The key: communicating to make sense

Communication is not only a loudspeaker for sharing achievements, but also an instrument to give coherence and meaning to the sustainability strategy. An effective approach involves the following:

  • Integrate sustainability into the corporate identity: it should not be an isolated department, but part of the company's DNA in which everyone is involved.
  • Develop authentic narratives: tell real stories that connect with audiences and reinforce credibility.
  • Use data and evidence: measure impact and share it transparently.
  • Choose the right channels: tailor the message to each audience, from corporate reports to social media.
  • Active listening to stakeholders: communication should be two-way; dialogue with employees, customers and communities enriches and strengthens the sustainable strategy.

Companies that strike a balance between action and communication not only achieve recognition, but also build a relationship of trust with their environment. When sustainability is communicated effectively, it is no longer a mere regulatory compliance, but a factor of inspiration and market leadership. In a context where transparency and accountability are more valued than ever, communicating sustainability with authenticity is a winning strategy.

Emma Pintado

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