Comunicación de producto y corporativa

La ejecución de la comunicación es en sí misma una demostración de la sostenibilidad en todos sus elementos: creatividad y acciones diferenciales, canales digitales antes que materiales impresos, alianzas y acuerdos de MK con entidades con valores consistentes con la marca, plan de relacionamiento con líderes de opinión basado en diálogo y co-creación, etc.

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Oportunismo o coherencia: cuándo realmente debe una marca entrar en una polémica

Cada día aparece una nueva polémica en redes: un vídeo que se hace viral, un comentario que se republica hasta perderse su fuente, un debate que salta de lo privado a lo público. En ese contexto, las marcas pueden sentirse atrapadas entre dos escenarios, ambos con riesgo: quedarse fuera del debate y parecer irrelevantes, o entrar en él y poner en juego su reputación. La verdadera pregunta no es «¿debo opinar o no?», sino «¿puedo aportar algo relevante?». Cuando una marca decide posicionarse, lanzar un mensaje o sumarse a una conversación ya abierta, debe tener claro que lo que está en juego no es solo atención, sino su coherencia y credibilidad.

En España, los últimos tiempos ofrecen ejemplos útiles que no sólo muestran cuándo se equivocan las marcas, sino también cómo actuar con inteligencia. Pensemos en un caso de debate cultural aparentemente menor: el vídeo de María Pombo confesando que no le gusta leer, que generó un vendaval en redes sociales. Lo relevante, visto desde la óptica de las marcas, no fue la polémica en sí, sino cómo reaccionaron algunos actores del ecosistema del libro. Entre usuarios que enzarzaban la pelea, editoriales que aprovechaban el momento para exhibir sus títulos y escritores que hacían marca, una pequeña librería decidió no debatir, no juzgar, no subir al ring: envió tan solo un mensaje sencillo —«leer sienta magníficamente y hace feliz»— y lo transformó en experiencia de comunidad, en recomendaciones, en puertas abiertas. Esa capacidad de convertir el ruido en valor fue lo que le otorgó relevancia.

Cambiemos de escenario y entremos en un entorno urbano, donde lo viral y la legalidad se cruzan. Hace poco, Rosalía protagonizó en la plaza de Plaza de Callao un evento sorpresa para presentar la portada de su álbum, que generó aglomeraciones, cortes de tráfico y una investigación municipal por falta de permisos. Las marcas implicadas tuvieron que improvisar comunicados. En ese contexto, estar dentro de la conversación puede parecer una oportunidad de visibilidad, pero si la marca —como en este caso— no gestiona permisos, seguridad, responsabilidad e imagen, la exposición se convierte en riesgo. Aquí, la coherencia exige más que creatividad: exige disciplina.

Hay más ejemplos. En 2024, la firma madrileña Eturel denunció que Zara Home (del grupo Inditex) había replicado sus diseños de mantelería sin permiso. El asunto escaló en redes y medios, afectando a la reputación de la marca. La reacción de la empresa acusada fue retirar el producto, sin comunicados de por medio ni explicaciones. No fue una campaña ejemplar, pero quizá sí una decisión sensata: en ciertos casos, el silencio prudente, acompañado de una acción correcta, vale más que un comunicado grandilocuente.

Si juntamos todas estas piezas, aparece una brújula bastante clara para las marcas ante una polémica: cuando el debate es cultural, no busques ganar la discusión, busca aportar valor; cuando es un tema regulatorio, legal o institucional, asegúrate de cumplir antes de comunicar; si el conflicto tiene que ver con la autoría o la reputación, reconoce rápido y actúa con humildad; cuando lo viral no causa daño, úsalo como altavoz, sin perder medida. Porque la viralidad multiplica la atención, pero solo la coherencia construye una marca.

Y vuelvo al principio: cuando una marca decide tomar parte en un debate, debe hacerlo desde la coherencia, el respeto y la utilidad. Pero hay algo más: debe hacerlo con propósito. Porque la reputación no es una métrica, es una consecuencia de la confianza que otros han depositado en ti. No es un eco pasajero, sino una conversación que se sostiene en el tiempo. No basta con que te vean: importa que te crean. Y cuando una marca logra comunicar desde esa autenticidad, el ruido se transforma en significado, y la atención en recuerdo.

Roberto Berzosa

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¿La rueda de prensa ha muerto… o la hemos vaciado de sentido?

“El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que esta ha tenido lugar”. Con esta frase, el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw advertía sobre un riesgo muy presente en la actualidad: pensar que por el simple hecho de emitir un mensaje ya hemos comunicado con eficacia. Pero comunicar no es solo hablar o transmitir información; es lograr que el otro comprenda, se involucre y, en el mejor de los casos, responda.

En el ámbito institucional y corporativo, uno de los formatos que mejor encarnaba ese espíritu de diálogo y transparencia era, y en algunos casos aún es, la rueda de prensa. Un espacio en el que los portavoces ofrecían información directamente a los medios, con la posibilidad de ser cuestionados y contrastados. Sin embargo, este formato parece estar en declive, y no tanto por una obsolescencia técnica, sino por una progresiva pérdida de sentido.

El término rueda de prensa proviene del latín rota, que entre sus acepciones incluye “círculo o reunión de personas”, unido al concepto de prensa, es decir, el conjunto de periodistas o medios informativos. Su origen se remonta a 1913, cuando el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, organizó un encuentro informal con reporteros. Entre 1913 y 1916 celebró 57, pero incluso entonces, según algunos autores, adoptó una política de comunicar lo mínimo indispensable en estos encuentros. Un enfoque que, lamentablemente, parece haber ganado terreno en los últimos años.

Durante décadas, la rueda de prensa ha sido una herramienta fundamental de la comunicación institucional y corporativa. Un espacio en directo, con posibilidad de preguntas, donde marcas, organizaciones y figuras públicas compartían información clave. Este instrumento comunicativo representaba una apuesta por la transparencia y simbolizaba una relación de respeto por el periodismo.

Sin embargo, hoy muchas de estas convocatorias han perdido ese propósito. Se celebran por cumplir, se convierten en puestas en escena vacías y, en numerosas ocasiones, se impide a los periodistas realizar preguntas, reduciéndolas a la simple lectura de un comunicado. Esto no solo desnaturaliza su sentido, sino que erosiona el valor de la comunicación pública.

Parte del problema puede estar en una confusión terminológica. No es lo mismo una rueda de prensa que una conferencia de prensa porque, aunque parezcan sinónimos, hay una diferencia fundamental. La rueda de prensa incluye un turno de preguntas y respuestas, lo que le confiere un carácter de diálogo; mientras que la conferencia de prensa, en cambio, es un formato unidireccional. La clave diferencial está precisamente aquí, en que la rueda de prensa contempla un coloquio, que hoy en día se ha convertido en una rara avis.

El declive del formato tradicional

Esta pérdida de peso de las ruedas de prensa se puede explicar por múltiples factores:

  • Búsqueda de exclusividad. Las redacciones priorizan contenidos propios y diferenciales y en una rueda de prensa todos los medios reciben la misma información, lo que reduce su atractivo. Las entrevistas personalizadas, en cambio, permiten enfoques únicos.
  • Saturación informativa. En plena era de la infoxicación, los periodistas reciben decenas de convocatorias diarias y deben filtrar con rigurosidad a cuáles asistir.
  • Escasez de recursos. A la anterior se suma la reducción de personal en medios, que deja menos tiempo para acudir a actos presenciales, lo que incrementa la presión.
  • Canales directos. Las marcas ahora pueden comunicar por sí mismas, a través de redes sociales, newsletters o blogs, sin necesidad de intermediarios.
  • Falta de contenido relevante. Muchas ruedas de prensa no comunican noticias valiosas, lo que conduce a un desgaste del formato y sugiere una falta de estrategia de comunicación efectiva.

El sinsentido de las ruedas de prensa sin preguntas

La tendencia más preocupante son las ruedas de prensa sin preguntas, retransmitidas en pantalla o con intervenciones muy limitadas. Esta práctica, habitual principalmente en el entorno político, desactiva completamente el valor informativo del formato. Una rueda de prensa sin posibilidad de preguntar o repreguntar no es otra cosa que un monólogo. Organizaciones como la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) o la FAPE ya han alzado la voz ante esta deriva. Su campaña “Sin preguntas no hay cobertura” insta a los medios a informar al público cuando se veta la posibilidad de preguntar. Porque negar las preguntas es empobrecer el debate, debilitar la confianza y menoscabar el rol del periodismo en democracia.

El deber de comunicar de forma responsable

La gran pregunta es, por tanto, si quienes convocan la rueda están dispuestos a comunicar con responsabilidad. El público exige transparencia, autenticidad y voluntad de diálogo. Por ello, antes de convocar una rueda de prensa, las organizaciones deberían plantearse:

  • ¿Estamos aportando información realmente relevante?
  • ¿Estamos preparados para responder preguntas con claridad?
  • ¿Estamos respetando el tiempo y el trabajo de los periodistas?

Si la respuesta es “no”, probablemente haya otros formatos más eficaces y honestos como puede ser un comunicado bien estructurado, un vídeo explicativo, o la gestión de entrevistas individuales…Cualquier opción es válida si evita dañar la credibilidad de un formato que, bien utilizado, sigue siendo poderoso. Y, por ende, la credibilidad de la empresa o institución convocante.

Redefinición de las ruedas de prensa

Lejos de estar obsoleta, la rueda de prensa se encuentra en un momento de transformación, pero, para recuperar su sentido y utilidad, necesita adaptarse a los nuevos tiempos. Partiendo de que no todos los temas ameritan celebrar una rueda de prensa y se debe reservar este formato para cuando realmente haya información de interés público; un punto clave está en la hibridación del formato, es decir, la combinación de la asistencia presencial con la participación vía streaming, que amplía el alcance y facilita el acceso a periodistas con limitaciones de tiempo o desplazamiento.

Además, la rueda de prensa debe apostar por formatos más dinámicos y con menos formalismos, en los que la conversación y la agilidad sean los protagonistas para contribuir a recuperar el interés y la conexión con los medios.

Quizás de esta forma, la rueda de prensa pueda volver a ser lo que siempre debió ser: un espacio útil, honesto y abierto al diálogo. Si solo buscamos cumplir o controlar el mensaje sin aceptar preguntas, debemos tener claro que no estamos comunicando. La confianza, el activo más valioso de cualquier marca o institución, no se construye con soliloquios.

Sara Jusuy Rodríguez

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Marketing de influencers: cómo cumplir (y liderar) en 2025

En 2025 marketing de influencers superará los 20.000 millones de euros en inversión global y en España hay más de 10.000 creadores de contenido que colaboran de manera oficial con marcas (Comisión de Marketing de Influencia en IAB Spain), y entre el 50% y el 80% de los usuarios de redes sociales siguen a creadores de contenido. Todo ello en medio de la reciente y creciente regulación con la Ley de Influencers española, el Real Decreto 444/2024, que marca con claridad que debe ser una práctica de marketing ética y responsable, considerando la integridad de los influencers, el bienestar de sus seguidores y el impacto social que pueda generar la campaña en general.

Además, existe una potente autorregulación ya que los influencers y marcas son los primeros interesados en salvaguardar su reputación, con herramientas como la actualización del Código de Conducta sobre el uso de influencers en publicidad de AUTOCONTROL e IAB Spain.

Y es que, el simple uso de una etiqueta de #ad ya no es suficiente: las audiencias exigen mensajes verdaderos, comprensibles y socialmente útiles. La normativa busca proteger al público de información distorsionada y malintencionada y proteger a las marcas y a los propios influencers. En la ley se obliga a los creadores de contenido con una gran audiencia a registrar sus perfiles y etiquetar claramente toda comunicación comercial. Sin embargo, la propia ley no aborda directamente el concepto de comunicación responsable que, a nuestro entender, debería basarse en contar toda la verdad a las personas destinatarias sobre el patrocinio, explicando, sin rodeos, el por qué deberían consumir un producto, sin afirmaciones exageradas o no contrastables.

Las marcas también tienen responsabilidad. Deben garantizar que su mensaje se comunique de una forma coherente y sin distorsiones, especialmente en sectores sensibles como la salud, finanzas o sector infantil.

En ese ámbito, es especialmente llamativo el fenómeno “Sephora Kids” y los kidinfluencers, dando lugar a un problema en aumento: niñas de 6 a 10 años realizando rutinas de cosmética complejas ante millones de seguidores. Médicos y educadores han alertado sobre el daño dermatológico, la normalización de la estética precoz y la explotación comercial de esos menores. Por fortuna, existe un anteproyecto de Ley de Protección de la Infancia en entornos digitales (2025) que contempla la implementación de filtros parentales y una mayor regulación de contenido dirigido a menores rechazando colaboraciones cosméticas con menores de 13 años, advirtiendo sobre la edad y la responsabilidad en la utilización de los productos y evitando una comunicación que produzca inseguridades a la audiencia.

Cómo implantar una cultura de marketing de influencers responsable

  • Identificar un perfil de influencer acorde a valores de marca y con coherencia con tu actividad. No debe realizarse solo una auditoría previa en cuanto a verificación de seguidores reales y reputación, sino en cuanto a coherencia con los valores de la marca y su código ético.
  • Briefing ético. Pactar previamente qué mensajes no se aceptarán y definir relaciones transparentes y beneficiosas para todas las partes involucradas.
  • Contratos transparentes con cláusulas de responsabilidad que establezcan que se mostrará como “Publicidad” en mayúsculas y penalización en caso de no hacerlo; incentivos en caso de contenidos educativos y responsables; garantizar acceso a los datos reales de la campaña como impresiones, clics, retención, etc.
  • Calendario de control. Antes de publicar, revisar el contenido. Hacer un análisis de métricas y comentarios de la audiencia una vez se haya publicado el post.
  • Informe post-campaña. Tenemos que hacer una autocrítica para aprender, saber las incidencias que hayamos podido tener y aportar mejoras para la siguiente colaboración.
  • Revisión semestral. Las normas constantemente van cambiando, hay que adaptarse para evitar sanciones y poder consolidar una buena reputación.
  • Pautas para un contenido responsable: Deben existir marcos sin limitar la creatividad del influencer para garantizar una autenticidad:
    • Claridad y legibilidad. No debe generar dudas ni ambigüedades de que es un anuncio.
    • Veracidad en las afirmaciones. Por ejemplo: frases como “Reduce el acné en 7 días” debe tener una fuente contrastada y dar acceso a esa fuente.
    • Autenticidad narrativa. Los contenidos más eficaces priorizan la honestidad y espontaneidad frente a la producción publicitaria. Mostrar imperfecciones y experiencias reales incrementa la confianza.
    • Responsabilidad social. No fomentar estereotipos ni permitir el uso de filtros que distorsionen la realidad, además de intentar aportar algún mensaje educativo para el target.

Casos recientes como el de más de 90 influencers que promocionaron una presunta estafa de una agencia de viajes que llevó a cientos de personas a perder mucho dinero (https://www.20minutos.es/noticia/5718830/0/adara-molinero-nagore-robles-las-influencers-afectadas-por-estafa-7vuelos/) evidencian la falta de control y transparencia que aún existe y subraya la urgencia de aplicar mecanismos más estrictos de verificación, control y responsabilidad tanto por parte de los creadores de contenido como de las plataformas sociales y las propias marcas.

Pero, no solo se debe crear un entorno digital seguro, ético y regulado, donde la publicidad con influencers sea claramente identificable y los consumidores —especialmente los más vulnerables— estén adecuadamente protegidos. Lo ideal sería hacer que el marketing de influencers se convierta en una fuerza positiva para la sociedad y que fomente cambios que promuevan criterios de sostenibilidad. Este es por ejemplo el propósito del movimiento #InfluenceForGood

Los creadores de contenido con influencia y las marcas con recursos deben apostar por causas sociales relevantes y realizar acciones que generen un impacto positivo en parte de la sociedad y se alineen con los planes macro de responsabilidad social corporativa de las empresas y sus estrategias ESG.

Según un reciente estudio de Kolsquare (Radiografía del marketing de influencers en Europa) se avanza hacia un modelo cada vez más ético y profesional. La tendencia es buscar colaboraciones de largo recorrido más auténticas y efectivas, donde los influencers aseguren proyectos estables y generen contenido más cohesivo. Sin duda, una conexión auténtica colaborando con las personas adecuadas y con contenidos humanos y responsables seguirán siendo relevantes.

Cristina Morales

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¿Cómo construir una narrativa de marca auténtica en 2025?

Hace tiempo que las marcas ya no compiten por crear buenos productos o servicios, sino por conseguir confianza y relevancia emocional. Esto se debe a que los consumidores, especialmente las generaciones más jóvenes, buscan autenticidad, valores claros y marcas que reflejen sus preocupaciones y aspiraciones. De este modo, las marcas (nuevas o ya existentes) ya no ven la autenticidad como una estrategia sino como una necesidad.

Pero, vivimos en un mercado más saturado que nunca de mensajes y contenidos, nos cuesta distinguir lo original del que sigue la tendencia, lo veraz de lo fake, lo auténtico de lo políticamente correcto o lo original de lo que es fingida irreverencia sin sustancia.

Crear mensajes diferentes y rompedores

No podemos destacar sin ser genuinos. El primer paso para conectar con los valores esenciales de nuestra marca es revisarlos y alinear nuestros mensajes principales con ellos. Muchas veces no se trata de qué hacemos, sino de por qué y cómo lo hacemos. No obstante, es importante no caer en el intento de gustarle a todo el mundo: es imposible. Para resonar de verdad es indispensable comunicar un mensaje transparente y claro dirigido a un público objetivo que responda a esta pregunta: ¿Quiénes somos realmente y qué nos hace diferentes?

Actualmente los consumidores prefieren conexiones reales a discursos puramente corporativos y políticamente correctos. Tenemos que utilizar un tono personalizado, sincero, conversacional y que transmita empatía.

El papel del storytelling en la comunicación: la emoción como valor principal

Sin duda, en 2025 la mejor herramienta para conectar emocionalmente con las audiencias sigue siendo el storytelling. A través de diferentes historias, las marcas pueden transmitir valores, construir vínculos, fidelizar al cliente y generar lealtad.

Uno de los aspectos más relevantes a la hora de contar las historias y crear una narrativa auténtica es la sencillez. Solo si tu mensaje es claro y simple, puede ser breve. Los consumidores actuales están (y estamos) acostumbrados a deslizar entre vídeos de 10-15 segundos y prestar atención a un material audiovisual más largo puede convertirse en una odisea. No existe ni tiempo ni paciencia para mensajes complejos o confusos.

Asimismo, ¿cuáles son las mejores estrategias para alcanzar un storytelling coherente y completo? En primer lugar, no basta con contar historias, tenemos que demostrarlas: no hablemos de sostenibilidad, mostrémosla con acciones tangibles.

En segundo lugar, dirijámonos directamente al consumidor: creemos microhistorias personalizadas y únicas para que el público objetivo se sienta identificado

En tercer lugar, son preferibles las experiencias inmersivas con narrativas rompedoras que involucren al usuario de forma directa.

En conclusión, por mucho que parezca contradictorio, lo que realmente nos va a llevar al éxito a la hora de construir una narrativa de marca auténtica es la sencillez y la creatividad pegada a la esencia, más allá de los grandes discursos corporativos y lo políticamente correcto. En un 2025 dónde las audiencias son cada vez más críticas, exigentes e impacientes, las marcas que se atrevan a ser emocionales, transparentes y comprometidas con aquello en lo que creen ganarán la batalla por la autenticidad.

Joel Puig

Caer en el greenwashing
Caer en el greenwashing: La comunicación que transforma no se finge

Hablar de sostenibilidad es tendencia. Pero hacerlo sin sustancia, sin compromiso real y solo para quedar bien es greenwashing y pereza comunicativa. El conocido como greenwashing –estrategia que utilizan algunas empresas para aparentar ser más respetuosas con el medio ambiente de lo que en realidad son – es un atajo peligroso, una trampa que las marcas caen por no entender el rol de la comunicación. La comunicación debe ser creativa, relevante y transformadora, reflejando genuinamente los valores en los que la marca se sustenta.

El radar social no perdona

En la era de la hiperconectividad, las redes sociales son el detector de mentiras perfecto. Un post en Instagram, un hilo en X (antes Twitter) o un video en TikTok pueden desmontar en minutos cualquier mensaje que huela a lavado de cara ecológico. La comunidad digital está atenta, analiza, cuestiona y expone sin piedad a las marcas que se suben al carro de la sostenibilidad sin tener acciones concretas que lo respalden.

Las marcas que caen en el greenwashing lo hacen porque eligen lo fácil: cambiar el color de su logo a verde, usar palabras como «eco-friendly» o «sostenible» sin pruebas. Pero el público ya no se conforma con palabras bonitas. Quiere hechos.

La solución: Transparencia y sostenibilidad como un camino, no una meta

El camino más inteligente para lleva a cabo una óptima comunicación de marca es apostar por la transparencia. Si hay un objetivo de sostenibilidad en marcha, la mejor estrategia es compartirlo con honestidad, con datos y con avances concretos. Si hay retos por superar, es bueno reconocerlos en lugar de fingir ser perfectos.

La sostenibilidad no es un destino al que se llega, sino un camino en constante evolución. La audiencia valora cada vez más a las marcas que muestran su proceso completo, incluyendo los desafíos y obstáculos que encuentran en el camino.

Ser transparente implica reconocer que hay aspectos en los que aún no se ha avanzado tanto como se quisiera, que hay equivocaciones, aprendizajes y ajustes que se van realizando por el camino. Este enfoque no solo construye confianza, sino que también humaniza a la marca. De la misma manera que los influencers que comparten sus vulnerabilidades conectan mejor con su comunidad, las marcas que admiten sus limitaciones, pero demuestran un compromiso real con la mejora, y logran generar una relación más auténtica con su audiencia.

No se trata solo de celebrar los logros, sino de ser claros sobre lo que aún falta por mejorar. Las marcas que reconocen sus desafíos y comparten cómo están intentando superarlos generan confianza y credibilidad.

No hace falta ser perfectos. Hace falta ser reales, porque la verdad bien contada sigue siendo la estrategia más poderosa.

Paula Mediano

Blog Quum - Comunicación
Es posible comunicar sobre sostenibilidad de forma efectiva y creativa

La comunicación empresarial ha evolucionado. Las marcas que realmente buscan diferenciarse deben entender que la sostenibilidad no es un slogan, sino una forma de actuar en cada decisión de negocio y de comunicación.  Los consumidores exigen algo más que mensajes bonitos o acciones aisladas: buscan autenticidad, coherencia y compromiso real. Esto implica que las marcas deben diseñar estrategias de comunicación que no solo sean efectivas, sino que también respeten los valores que promueven en el qué, en el cómo y en el con quién.

Por ello, los tres ejes clave que vemos en toda buena estrategia de comunicación de sostenibilidad son los siguientes:

  • Construir un storytelling basado en hechos reales, evitando caer en el greenwashing o la falta de coherencia.
  • Adoptar una digitalización responsable, optimizando recursos, diversificando formatos y reduciendo el impacto ambiental del contenido.
  • Crear alianzas estratégicas, sumando fuerzas con otros actores que refuercen el propósito de la marca.

Narrativa responsable: contar historias que sumen, no que vendan humo

El storytelling es una de las herramientas más potentes en comunicación, pero en sostenibilidad tiene una doble cara. Muchas marcas han caído en el greenwashing, exagerando o distorsionando su impacto positivo. La buena comunicación es creativa, relevante y transformadora impulsando aquello en lo que la marca cree.

Para aplicar una narrativa responsable, las marcas deben:

  • Hablar de hechos, no solo de intenciones. Si una empresa dice que reduce su huella ambiental o que apuesta por la diversidad, debe demostrarlo con datos verificables y verificados. Y que se alinee claramente con territorios de impacto positivo donde se espera y es legítimo que la empresa actúe.
  • Comunicar desde la acción: Entregar ese capital a través de iniciativas que lo activan, tanto dentro como fuera de la compañía.
  • Ser coherentes en todos los niveles. No tiene sentido decir que una marca apoya la sostenibilidad y luego patrocinar eventos con enormes huellas de carbono.
  • Utilizar un lenguaje claro y directo. Evitar tecnicismos y palabras vacías que solo intenten maquillar la realidad.
  • Explorar formatos innovadores. Pódcast, mini documentales, series interactivas o experiencias inmersivas pueden ser formas más efectivas y sostenibles de contar una historia, especialmente en temas que pueden resultar algo áridos como aspectos medioambientales o sociales.
  • Dar voz a los protagonistas reales. La comunicación sostenible funciona mejor cuando las historias vienen de empleados, clientes o comunidades que realmente experimentan los cambios que la marca promueve.
  • Honestidad: Es lógico poner el foco en impacto y soluciones, pero también cabe la autocrítica y reconocimiento de dificultades.
  • Evitar los clichés: representar el verdadero espectro de la sostenibilidad. Es importante ir más allá de las imágenes «verdes» o estereotipadas a la hora de visualizar la sostenibilidad.

Digitalización consciente:

La digitalización no es nueva, pero sigue habiendo un gran margen de mejora para que sea realmente sostenible. Los folletos en papel, los anuncios en medios impresos y las acciones de marketing de alto impacto ambiental ya no encajan en la nueva realidad. Muchas empresas han eliminado los materiales impresos, pero han caído en el exceso digital: saturan a los clientes con newsletters interminables, vídeos de alta resolución innecesaria o documentos PDF pesadísimos que generan huellas de carbono digitales.

Para que la digitalización sea realmente sostenible, las marcas deben:

  • Optimizar formatos y plataformas: Reducir el peso de imágenes y documentos, evitar el envío masivo de emails sin valor añadido y apostar por plataformas de contenido ligeras.
  • Usar servidores ecológicos: Alojar páginas web y contenido en servidores que utilicen energías renovables reduce la huella de carbono digital. Google Cloud, AWS y otros proveedores ya ofrecen opciones más sostenibles.
  • Menos es más: En lugar de publicar sin estrategia, centrarse en contenido de calidad, realmente útil y alineado con las expectativas de la audiencia. Menos ruido, menos papel y más impacto.
  • Explorar nuevos formatos: Los pódcast, los informes interactivos o los vídeos en redes sociales de corta duración generan menor impacto ambiental y mayor interacción que formatos extensos y pesados.

Alianzas estratégicas: sumar fuerzas para amplificar el mensaje

La sostenibilidad no es un camino que las empresas deban recorrer solas. Las marcas que realmente quieren hacer una diferencia buscan aliados estratégicos con valores afines para potenciar su impacto.

Algunas formas efectivas de establecer alianzas son:

  • Redes de comunicación responsable. Empresas que se agrupan para fomentar estándares de transparencia y buenas prácticas en sostenibilidad.
  • Colaboraciones con medios alineados. Apostar por medios que prioricen contenido de calidad sobre titulares sensacionalistas, asegurando que el mensaje llegue de forma ética y efectiva.
  • Acuerdos con ONGs o entidades de impacto social. Más allá de donaciones o colaboraciones putnuales como parte de la acción social, se pueden diseñar programas a largo plazo  o involucrar a las ONGs en partes estratégicas, como Unilever que se apoya en ellas para hacer más sostenible su cadena de valor.
  • Campañas de co-creación con el público. Escuchar a la comunidad y co-diseñar iniciativas que realmente aporten valor.
  • Co-branding con propósito. Colaboraciones entre marcas que comparten principios de sostenibilidad. Ejemplo: Adidas y Parley for the Oceans crearon zapatillas hechas con plástico reciclado del océano.

Conclusión: más acción, menos discurso

En un mundo saturado de mensajes vacíos, la clave no está en decir que eres sostenible, sino en demostrarlo con cada acción. La sostenibilidad no es una tendencia de marketing, es una responsabilidad que debe reflejarse en todo elemento y no tiene por qué ser aburrida. Podemos hacer fáciles ideas complejas y trasladarlas con creatividad y responsabilidad.

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